Andrea Isabel Grajales Yepez
“Desde el nacimiento el adulto debe satisfacer la curiosidad natural del niño entregándole
los objetos apropiados para estimular sus sentidos y desarrollar sus aptitudes.” (Díaz, 2007).
Recordemos que el juego es parte importante de la vida de los niños y niñas, y este también
tiene su ubicación dentro de las etapas del desarrollo cognitivo, siendo el primero en aparecer
a partir de los 12 meses de vida: el juego presimbólico. Y donde, a través de la estimulación
musical se utilizan los objetos con la intención de potencializar el aprendizaje y la psicomotricidad.
El juego es una parte fundamental en el desarrollo integral de los niños y niñas, de acuerdo
con Milagros Diaz (2007) “contribuye a mejorar el equilibrio, la flexibilidad, el dominio y
armonía de los movimientos y la adquisición de los automatismos.” El ambiente de juego
debe ser un espacio donde se permita que los niños y niñas exploren con libertad los objetos,
al principio parecerán acciones intencionadas por el simple acto de cumplir una necesidad de
descubrimiento, pero conforme se practican, se vuelven hábitos sensoriomotrices que pueden
contribuir a su desarrollo.
Ahora, refiriéndonos específicamente al juego pre-simbólico, éste tiene como característica
“la acción sobre el propio cuerpo y en relación con los objetos que el bebé manipula para
conocerlos.” (Colegio La Luna, 2020). Es una primera etapa para posteriormente pasar al
juego simbólico.
La estimulación musical temprana, involucra actividades planeadas con base en estos
ejercicios sensoriomotrices, como los descritos a continuación:
Un ejemplo de este juego, es aquel relacionado con el esquema corporal, como cantarle
regularmente al niño una secuencia de acciones que señalen partes de su cuerpo: “Tengo aquí
dos pies, tengo dos manos y también dos ojos que son hermanos”, es necesario mostrarle
dónde se encuentra lo que estamos mencionando, al principio el o la bebé nos observarán y
con nuestra ayuda moviendo su cuerpo irá sintiendo su ubicación; la segunda parte de la
canción dice “ojos a mirar, manos a tocar y con los pies a patalear”, estamos indicando qué
podemos hacer con los ojos, manos y pies, es decir, llevarlos a la acción. Con una repetición
constante de estos esquemas corporales, el o la bebé logrará asimilar que, por ejemplo, tiene
dos pies y los usa para patalear, también contribuye a su autonomía y en definitiva al
reconocimiento de su cuerpo.
Un aspecto importante dentro de la etapa sensoriomotriz, es la permanencia del objeto “la
creencia según la cual una figura percibida corresponde a «algo» que sigue existiendo aun
cuando no se percibe” (Piaget, 1964). Este concepto se puede trabajar en la estimulación
musical, por ejemplo:
Le cantamos al niño o a la niña usando un títere de preferencia de dedo con la figura de un
conejo (o cualquier otro animal): “Conejito, conejito, ¿dónde estás? ¿dónde estás?”, mientras
alternamos que aparezca y desaparezca de su campo de visión para que lo busquen, y después
finalizamos mostrándoles el títere y haciendo como si éste fuera el que cantara “Vengo a
saludarte, vengo a saludarte, ¿cómo estás? ¿cómo estás?”, se despiden del títere y se integra
otro.
Esta actividad apoya la construcción de que más allá de su cuerpo hay un universo donde los
objetos y personas pueden continuar existiendo, e incluso que estos podrían regresar o él
dirigirse a ellos para comenzar un juego.
El juego pre-simbólico explora las texturas, sonoridades, volumen y posibilidades que el o la
bebé puede hacer sobre los objetos. Otro ejercicio para estimular esta parte del desarrollo
comienza presentándole una canasta o un bote con shackers con forma de huevos, los ponemos fuera y dejamos que conozca el instrumento u objeto, después cantamos “Pon
gallinita un huevo, pon que no caiga al suelo…” mientras regresamos los huevos a la canasta
para después jugar con “que sí, que no (tapamos la canasta para que no guarde más), que
caiga el huevo en el montón (continúa guardando los huevos)”.
Con el trabajo de este juego, motivamos el hábito de guardar, parar o continuar cuando se indica.
Otro ejercicio que podría entrar dentro del juego pre-simbólico y que funciona como apoyo
a la siguiente etapa, es el de caminar sobre un palo que simula ser un caballo y cantar “Lento,
lento, mi caballo lento” y movernos por el espacio caminando lentamente, para después
cambiar a “Rápido, rápido…” e intentar correr. Es claro que los bebés necesitarán ayuda para
sostener el palo y poder caminar con él, por eso la persona que lo acompañe se encarga de
apoyarlo, hasta que en algún momento logre hacerlo de manera independiente.
Como se puede apreciar, las actividades van acompañadas de un adulto, que debe ser
consciente de que el niño o la niña es lo más importante en ese momento, tomarse el tiempo
de crecer con él y que además de estimular el desarrollo motriz, también el aspecto afectivo
del niño se está trabajando.
Hay que tomar en cuenta, que los ejercicios necesitan llevarse a cabo con regularidad y
también dejar la posibilidad a que los niños y niñas reinventen o propongan, eso crearía un
aprendizaje más significativo para ellos y ellas, además de comprender mejor lo que hacen y conocer su entorno, se hacen más conscientes de la realidad en la que existen. El juego no desaparece, solo se transforma de acuerdo con las habilidades que se necesitan potencializar.
(13 de enero de 2020). Obtenido de Colegio La Luna: https://colegiolaluna.com/juego-simbolico-
ninos-bebes/
Díaz, M. D. (2007). La importancia del juego en el desarrollo psicológico infantil. Psicología
educativa, 133-149.
Enesco, I. (2014). El desarrollo del bebé: cognición, emoción y afectividad. Madrid, Difusora
Larousse – Alianza Editorial. Recuperado de https://elibro.net/es/ereader/bibliotecauv/11458
Musicoterapia, A. H. (2022). Canción con marionetas de dedo. Obtenido de
https://www.youtube.com/watch?v=F70ibUKx5yA
Piaget, J. (1991). Seis estudios de psicología. Barcelona: Editorial Labor.
Trepsi (2012). Pon Pon Gallinita. Obtenido de https://youtu.be/8mt9f6HhFWU